Cómics
Flora Márquez y el arte de contar lo cotidiano
En el marco de Crack Bang Boom 2026, Flora Márquez habló sobre su obra, la autobiografía y las posibilidades de convertir las experiencias cotidianas en historieta.
Flora Márquez es diseñadora gráfica y autora e ilustradora de historietas. Nacida en la ciudad de Córdoba, le gustan mucho las historietas, los relatos autobiográficos y las crónicas; de allí el origen de sus distintos trabajos, de los cuales los más conocidos son “Vasto Mundo” (publicado por Maten al Mensajero en 2019) y la serie de fanzines “Un Diario en Historieta”, cuya séptima entrega salió este año. Además, ha publicado tiras de humor gráfico y colaborado en distintas publicaciones de nuestro país, España y Reino Unido.
En su visita a nuestra ciudad, como tiene habituado durante la realización de la Crack Bang Boom, tuvo la gentileza de darnos un ratito de su tiempo para una charla/entrevista durante el segundo día del evento.
—¿Cómo empezó la idea de dibujar, de escribir? ¿Leías historietas de chica?
—Sí. De chica leía Mafalda, mi abuela me recortaba las tiras del diario, y Maitena. Después, fui a un colegio humanista, donde tuve latín y griego. Ahí tenían en la biblioteca la colección de Astérix. Pero siempre como algo ajeno; o sea, me interesaba, me gustaba. Siempre fui lectora, entonces me gustaba leer todo, pero no pensaba que era algo que pudiera hacer, simplemente disfrutándolo. Y recién en el año 2015, quizás antes, accedí a una historieta un poco más independiente, con esa oleada de autoras, como Power Paola. Me gustó ese estilo, más relajado, sin presiones, y dije: “Creo que quiero hacer eso también”.
—¿Y cómo llegás a Sus Sesos?
—Nos conocimos con Ziga (humorista gráfico cordobés) y me dijo: “Che, ¿no querés hacer una tira de humor gráfico para La Tinta?”, que es un medio de información alternativo de Córdoba. Y yo nunca había hecho nada de humor gráfico y me daba mucho estrés algo que, aparte, era semanal. Le dije que sí, y ahí comencé a ver qué podía hacer para que no se me acabaran las ideas. Entonces pensé en los titulares de diario, que era una fuente infinita, y además, a mí siempre me gustó buscar el humor donde no lo está o, mejor dicho, donde el objetivo no es el humor; o sea, cuando desde el diario no quieren hacerlo, o tiene una doble interpretación, que el titular te lleva a otra cosa. Así se me ocurrió “Sus Sesos”, que estuve durante un tiempo, no recuerdo cuánto, haciendo una tira semanal, que después salió recopilada en el librito de La Tinta.
—¿Y eso fue el puntapié, o arrancaste antes con otra cosa?
—Mi forma de entrar a la historieta fue en 2013. Había nacido mi hermano; yo tengo un hermano al que le llevo muchos años de diferencia. Y con mi papá, que vivía lejos, me mandaba sus textos —él escribe— y yo ilustraba esos escritos. Ahí empecé a hacer viñetas, creo que lo llamamos “La Flora y el Fauno”.
—¿Cómo llegamos a Vasto Mundo? Dónde prima la idea de no solamente mostrar lo superficial, sino ir por lo más profundo.
—Fue un camino medio embrollado porque yo deseaba hacer historieta, pero no me sentía muy capaz. Empecé a hacer talleres, uno con Damián Conelly y Mauro Reifschneider, y ahí empecé a tener esta idea de Vasto Mundo, pero no como tal, siempre buscando una excusa para que se me facilite la labor, para no flaquear.
Entonces, con Vasto Mundo, partí con esta Luna que lo ve todo, que lo sabe todo, que ya es la excusa de la omnipresencia, y al mismo tiempo me sirve para contar las cosas que a mí me llaman la atención y en las que hago foco, que son muy variadas. Soy muy arbitraria en las cosas que me llaman la atención: el humor, lo oscuro y la muerte. Ideas que por ahí me veían rondando, y era la forma de ponerlas en papel, con este personaje que lo ve todo y lo analiza desde su punto de vista.
La Luna, el primer personaje que se presenta, mira algo o a alguien y ahí empieza un hilo que no se corta, porque un personaje presenta a otro, y este a otro. Todo es como un camino que no se detiene, porque todo depende de dónde pone el foco la Luna.

—De eso saltás a Un Diario en Historieta, que es más personal, ya sos vos viendo tu propio mundo, y un poco el de los demás.
—Sí. Mi punto de vista, pero desde ahí todo. Porque hay varios personajes que se repiten, son las cuestiones que me pasan por la mente, que por lo general también se repiten, porque año a año hay cosas que me siguen atormentando o las sigo pensando. Está bueno ver esa evolución de pensamiento, de dificultades, cómo va cambiando a medida que voy creciendo, que me voy haciendo más adulta.
—¿Cómo toman las personas que aparecen, justamente, su presentación en la historieta?
—Hay personas amigas que me dicen: “Poné esto en tu diario”, o “no lo pongas”, incluso “cambiá nombres”. Igualmente, no soy de ventilar cosas de otros, siempre es mi punto de vista y cómo yo lo veo. Hay cosas que interesan contar, otras no, hay una libertad muy grande, porque es lo más independiente que existe: la autobiografía. No solo estoy haciendo mi propio fanzine, sino que estoy hablando de mí, así que nadie puede hacer mucho.
—Te iba a preguntar sobre el estilo de dibujo. ¿Sentís que cambió mucho del primer fanzine a este último?
—Qué bueno que lo notes. Yo creo que fui creciendo bastante, o quiero creer, que aprendí muchas cosas en el camino, que fueron haciendo que el dibujo se vaya afinando y que haya más legibilidad, o sea, que estén más claras las ideas que quiero contar. Al mismo tiempo, antes elegía lo que quería contar en base a lo que sabía dibujar, y ahora no me limito con eso. Si lo tengo que dibujar, saco una foto, lo uso de referencia. Además, me fui haciendo más detallista, me di cuenta de que me gusta dibujar lugares reales, no tanto fondos abstractos. Por ejemplo, si voy a un bar, dibujarlo como es. Presiento que es un registro más de esa época, de ese lugar.

—Los otros trabajos artísticos que hacés, como la cerámica, contanos algo de eso.
—Estoy en una pausa de cerámica, pero siempre quiero volver. Siento que es todo una misma cosa. También escribo un diario personal escrito. Cuando necesito volcar hacia afuera, porque me siento muy abrumada, lo hago a través de la escritura, el dibujo. En el caso de la cerámica, fue una excusa para, más que nada, socializar.
Me fui a vivir a un lugar más alejado de la ciudad y, de pronto, me di cuenta de que estaba encerrada en mí misma, trabajando desde mi casa, dibujando sola, y me anoté en cerámica para verme con gente. Hice un grupo de amigas y salieron cosas tangibles también. Asimismo, para llegar a la Tercera Dimensión, que es súper difícil para mí, y es otro universo aparte, muy bueno también.
—Y ahora se sumó el Vlog, o Diario Visual, que es tu más reciente trabajo, además del número 7 de Un Diario en Historieta, que presentaste en la Crack.
—Siempre tuve ganas de tener un blog visual. Desde muy chica me gusta filmar cosas, registrar cosas. Me encanta la idea del registro de lo cotidiano, a través de muchos recortes. Tengo un diario escrito, historietas, videos, entonces es como un punto completo de registro.
Algo que identifica mi trabajo, en todos mis ámbitos, es que nunca tuve la presión de ser la mejor, sino que me quiero expresar y lo hago. Eso hace que mi trabajo no parezca muy técnico, pero sí más genuino.
—Te quería preguntar sobre el fenómeno Irma (Irma es la amiga de cuatro patas de Flora). Yo, el primer fanzine tuyo que leí fue en el que ella tiene un accidente, y es quizás uno de tus diarios más crudos, pero también con el que el lector mejor puede identificarse.
—La extraño, jaja. La Irma es una compañera absoluta en mi vida, vino en la pandemia e hicimos una simbiosis. Tenemos una conexión muy fuerte, muy intensa, me acompaña a todos lados, es mi copiloto. Y sobre el fanzine, si bien fue el segundo, fue distinto el modo de encararlo, ya que fue en base a un hecho que había sucedido y yo lo narré. Fue lo más parecido a armar un guion, y fue catártico. Tuve que hacerlo meses después porque la pasé muy mal. A pesar de eso, estuvo bueno hacerlo porque se ve todo el camino, o sea, el accidente y lo posterior, que no quiero spoilear, jajaja, pero la Irma está bien.
—¿Cómo ves a la historieta argentina y a la de Córdoba?
—Por un lado, siento que la historieta es un nicho y nunca dejó de serlo, pero eso es lo que me atrae de este lenguaje, que sea algo que no es mainstream, que no sé si dejará de serlo en algún momento, lo que yo hago al menos. En Córdoba también es muy pequeño el círculo, que tampoco me desagrada, pero me gustaría que sea un poquito más explorado por otro público. Siento que siempre es el mismo, no se renueva tanto.
Pero le tengo mucha fe a la historieta argentina. Hay muchos autores nuevos, autoras nuevas, una amplitud de estilos, mucha variedad, que ya no hay un prejuicio de pertenecer.
—¿Y vos creés que, contando tu vida en historieta, estás un poco contribuyendo a que se salga un poco de ese nicho que mencionás?
—Puede ser que pase, que haya gente que se acerque a la historieta, pero también puede que haya gente que se aleje. La historieta autobiográfica no es para cualquiera, no a cualquiera le interesa la vida de una persona random. Pero también hay un público que, como en el caso de Irma que hablábamos antes, se sienta identificado con algunas de las situaciones cotidianas y disfrute de este tipo de contenido.
—Gracias, Flora.
—Gracias a vos.
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