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Crack Bang Boom: 15 años de un clásico de la ciudad
Crack Bang Boom celebró sus 15 años con una nueva edición en Rosario, consolidada como un clásico de la ciudad y un punto de encuentro para la historieta argentina.
Entre el jueves 14 y el domingo 17 se desarrolló una nueva edición de la ya mítica Convención Internacional de Historietas, Crack Bang Boom. Se trató nada más y nada menos que de la edición número 15, una de esas cifras que invitan a mirar con mayor atención el camino recorrido.
Imparable desde su lanzamiento en 2010, y solo pausada por la pandemia, la “Crack”, mote con que se la conoce desde 2024 por su cercanía con el público y los artistas, ha conseguido erigirse como uno de los mayores polos turísticos y culturales de la ciudad de Rosario.
Un espacio que enaltece tanto a la producción independiente como a la más comercial, y que obliga a los distintos sellos a hacer malabares frente a la economía argentina para ofrecer material fresco que, en la mayoría de los casos, ve la luz inicialmente en la propia Convención. Pensando en el oficio de historietista, es un gran laboratorio y cocina de proyectos, así como un espacio que revitaliza y pone en valor el trabajo realizado por aquellos artistas que sentaron las bases de un mercado que supo ver mejores tiempos.
Con Eduardo Risso como gestor principal del evento, la Convención ha crecido sostenidamente, atenta a los intereses de los concurrentes. Prueba de ello es su apertura a distintas actividades y talleres que exceden el universo de la historieta, como los videojuegos, la tecnología, partidas de rol y otros exponentes de la cultura pop.
Sin ir más lejos, esta edición, además de las actividades desarrolladas en los clásicos galpones del Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC), Galpón 11 y Puerto Joven, sumó uno nuevo, el reciente “Tecnoteca”. El espacio albergó “El Indie Game Space” de forma permanente, además de posibilitar la concreción de nuevas presentaciones de editoriales y el desarrollo de talleres como el de fanzine, lápices, etc. Además, allí se llevó a cabo la pintura en vivo de la muralista Shinn Uchida y la presentación de carpetas a los editores de Kodansha, Ayane Chiba y Yusuke Imamura.

Ayane Chiba y Yusuke Imamura participaron de la presentación de carpetas para editores de Kodansha.
Los galpones, si bien tienen una gran historia en la ciudad, para gran parte del público oriundo de otras provincias son conocidos lisa y llanamente como los espacios de la Crack. Es válido recordar que hace apenas tres años la idea era trasladar el evento a un nuevo sitio (ex Rural) y, tras esta edición, uno agradece con mayor fuerza que esa idea no haya podido concretarse. Es imposible pensar a la Convención fuera de ese lugar, a la vera del río, con toda la mística que ello trae consigo.
Cerrando con los espacios, la carpa de los fanzines es la que, a esta altura, está obligada a expandirse. La demanda de expositores, así como la asistencia del público, al ser un espacio gratuito, ha crecido de forma abismal en estos años. El domingo, día de las infancias y desfile de cosplay mediante, estaba prácticamente intransitable. Quizás sea uno de los pocos reclamos constantes. A diferencia de los últimos años, en la carpa se vio una mayor oferta de lo que debería ser, tal como su nombre lo indica, el motor del espacio: los fanzines. Menos stickers y calcos, y más historietas, rebeldía y libertad. Un sitio cuyo fin principal es permitir visibilizar y comercializar el primer material de muchos artistas. Celebramos, entonces, la curaduría.

Stand dentro de la carpa de fanzines
Una pequeña actividad, totalmente de color, pero muy atractiva, fue la implementación de unos sellos estratégicamente ubicados en cada uno de los galpones, que los concurrentes debían encontrar para completar la revista/programa que se entregaba en el ingreso. Una tarea imprescindible para cualquier coleccionista que se precie de tal.
Más allá de la diversidad de propuestas que mencionamos, si hay algo meritorio a lo largo de estas quince ediciones de la Convención, es que la misma nunca desvió su rumbo. Nació con la historieta como bandera y aún persiste con esa lucha. Eso la diferencia de otras que se han volcado a consumos un tanto más masivos, con invitados provenientes de producciones cinematográficas o de TV.
INVITADOS
Esta edición sumó figuras convocantes, esas que cortan tickets, como sucedió con Frank Miller, Geoff Johns, el veterano Jeph Loeb o, sin ir más lejos, David Lloyd, co-creador de “V For Vendetta” (1988).
La mayoría de los ojos se posaron en el ilustrador canadiense Chris Bachalo y el guionista británico Peter Milligan, ambos con muy buena predisposición para sacarse fotos y firmar ejemplares, pese a las extensas filas que se formaron en el “Callejón de los artistas”. Frente a la falta de sentido común, desde la organización debería ponerse un límite al material presentado por los fanáticos para la firma. Era moneda corriente ver gente con 10 tomos para firmar, una completa locura.
A estos se sumaron el siempre predispuesto historietista español Paco Roca (autor de Arrugas y La Casa, quien además presentó su nueva obra: El viaje, ambientada en la Patagonia); Ben Abernathy, Shinn Uchida, Yusuke Imamura y Ayane Chiba (quienes, además de recibir carpetas, participaron de un panel en el que se dialogó en torno a los desafíos de la industria japonesa y su conexión con el público internacional); y figuras locales como Ariel Olivetti, María Eugenia Alcatena, Carina Altonaga, Santiago Baquin, Polaco Scalerandi y Tute, entre otros. Enrique Breccia, otro de los platos fuertes, se bajó del evento faltando apenas unos días, aduciendo problemas de salud.

Shinn Uchida realizando un mural en vivo.
GANADORES / PREMIACIONES
Los ganadores del concurso anual de historietas Crack Bang Boom, más allá del premio económico, no solo fueron publicados en el catálogo editado por la Convención, sino que formaron parte de la muestra de historietas dentro del evento. Las obras ganadoras fueron “La chispa de jade”, de Lucas Ortiz (Formosa), como primer premio; “Pliegue”, de Vito Fortino Blanco (Buenos Aires) y Jose Calizaya Gómez (Bolivia); y “En un instante”, de Santino Arbio (Rosario).
El sábado se desarrolló la novena entrega de los Trillo, premios que enaltecen lo mejor del cómic nacional. Abrió la ceremonia un enérgico Risso, que expuso sin medias tintas su descontento con la política y el vacío cultural propuesto por el gobierno actual.
El reconocimiento a la trayectoria recayó en la leyenda Enrique Breccia, ausente del evento, quien lo recibió en manos de su hijo. “Andresito”, de Lautaro Fiszman, se llevó el premio a mejor obra para público adulto. En la categoría humor gráfico, el ganador fue Gustavo Sala por “Capitán Barato”, mientras que Quique Alcatena, por “Dr. Paradox”, triunfó por partida doble como mejor obra para público infantil/juvenil y como mejor webcomic.
“Superterror”, de Croma Comics, ganó como mejor antología. “Drácula”, de Robin Wood y Alberto Salinas, de la editorial Triskelion, se llevó el premio a mejor rescate de material.
Salvador Sanz triunfó como mejor portadista tras su trabajo en “Batman: El Mundo” y Rodolfo Santullo hizo lo que hace siempre: llevarse la categoría de mejor guionista por “El Dormilón: La Caravana”.
El premio a mejor dibujante fue para Aleta Vidal por “Road Monster” y el correspondiente a mejor autor integral recayó en Dolores Alcatena por “Sueño Profundo. Tierra Fría”.
NUMEROS DE LA EDICION:
De acuerdo con lo vertido en redes sociales, esta CBB mantuvo números de concurrentes similares al año pasado, cifras cercanas a las ochenta mil personas. Particularmente, no lo sentí así, ya que en esta oportunidad la fortuna del clima no acompañó: fueron días grises, con un sol que brindó el presente durante algunos minutos el día de cierre, con el mítico desfile de Cosplay (convocante por sí solo), con inscriptos repartidos en diversas categorías y temáticas.
Me gusta pensar que, tras 15 años, era necesaria una lluvia como la que se produjo. Una que limpiara y, en cierto modo, refundara. La misma permitió que en los primeros días primara el contacto entre comiqueros, con jornadas mucho más íntimas. Una pausa necesaria antes de volver a encontrarse, una vez más, alrededor de la historieta.
Pasó una nueva Crack Bang Boom, y su celebración estuvo a la altura de la historieta.
Siempre vale recordar que la edición de historieta independiente argentina no sería la misma sin Crack Bang Boom o, en el peor de los casos, quizás ni siquiera sería. En años especialmente difíciles para el sector, con costos de impresión que parecen imposibles y una caída marcada del consumo, ninguna convención significa tanto para el “laburante” de la historieta como esta.
Su éxito es fruto del trabajo conjunto de sus organizadores y de los propios historietistas, que la hicieron suya y la convirtieron en un punto de encuentro. Es, al fin y al cabo, una conquista compartida. Y, sobre todo, un espacio donde la desesperanza parece no tener lugar. A brindar por ello.
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