Cómics
Cuando todo importa: Vasto Mundo y la mirada íntima de Flora Márquez
En Vasto Mundo, Flora Márquez construye una historieta donde lo cotidiano se vuelve complejo y fascinante: pequeñas historias, personajes mínimos y una narradora lunar que observa todo.
“Tengo la obsesión de revisar el mundo en detalle. No solo los grandes acontecimientos, también los más pequeños”.
Así se presenta La Luna en esta historieta de Flora Márquez, para comenzar a contarnos historias. Historias de hombres y mujeres, de hormigas, de seres microscópicos. Nada se le escapa al satélite terrestre, ni siquiera los sueños.
Publicada en 2019 por la editorial Maten al Mensajero, “Vasto Mundo”, de Flora Márquez, nos va presentando de a poco a un conjunto de seres. Por ejemplo, Ernesto, un artista que convive con su frustración y su perro dibujado; Ariadna, una hormiga que solo piensa en comer; Roberto, un hombre de dos caras que se refugia en sus plantas. Son solo algunos de los personajes que conoceremos a través del Lucero Nocturno, en su rol de narradora.

Pero la autora va más allá de lo superficial: explora sueños, miedos, resoluciones y deseos. La idea de que cada ser es un mundo está presente a lo largo de toda la obra, sin dejar detalles librados al azar.
La Luna no es solo un puente narrativo, sino un personaje en sí mismo. Más allá de su faceta “stalker” —alguien que espía o vigila—, también es reflexiva, empática y franca. Se abre al lector y comparte sus emociones más profundas, así como sus deseos y reflexiones.
En cuanto al arte, estuve pensando durante un tiempo a qué me remitía el dibujo de Flora, hasta que finalmente lo recordé. Durante mi infancia consumía, de a ratos, un libro de María Elena Walsh, El Reino del Revés, cuyas ilustraciones hoy me resultan totalmente psicodélicas y oníricas. El arte de Márquez me lleva directamente a ese universo, a esos dibujos realizados por Pedro Vilar, y me transmite una sensación similar. Esto no significa que la autora carezca de identidad en su trazo: por el contrario, destaca su nivel de detalle, la contraposición entre lo real y lo fantástico y el diseño de viñetas, que atrapa al lector y evita que los temas tratados —a veces complejos— se vuelvan incómodos o densos.
En pocas palabras, puedo afirmar que esta es una de las mejores historietas argentinas que leí el año pasado, es decir, en 2025. Aunque llegué algo tarde a ella, la recomiendo muchísimo: es una obra fresca y llevadera, con humor y reflexión, y con un arte que, incluso al imaginar lo más grotesco, logra resultar atractivo.
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